jueves, 4 de abril de 2024

FRANCIA: TAMBIÉN EN EL CEMENTO

 

Sello  en el pavimento de la Estación de Peñarroya y descubierto por uno de nuestros
voluntarios durante una las labores de limpieza

No contamos nada nuevo cuando explicamos que la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya (SMMP) siempre tuvo preferencia  por la utilización  de productos franceses en el casi centenar de años que permaneció en la comarca del Guadiato. Este medio de comunicación ha publicado numerosos reportajes que hablan de la confianza que la multinacional francesa tenía en las manufacturas de su propio país: menaje del hogar, vehículos de transporte de personas, básculas, locomotoras, teléfonos, relojes  y un sinfín de objetos inanimados hoy ponen de manifiesto  una clara actitud de esta compañía por la defensa y, por qué no decirlo, por la ostentación de lo francés. Observamos cómo incluso esta  tendencia era imitada  por las familias   asalariadas de  las  fábricas  y minas que la Empresa tenía  en Peñarroya-Pueblonuevo, lógicamente con limitaciones derivadas de su sueldo. Tener  o comprar caros artículos galos era un símbolo de estatus en la colonia francesa de Peñarroya-Pueblonuevo, un elemento de distinción que fomentaban sin proponérselo los grandes responsables de la empresa y un ejemplo más de cómo la clase trabajadora siempre ha querido aparentar lo que no es  a costa, si hiciera falta, de renunciar a su dignidad y su propio bienestar. 

Todavía hoy, más de 50 años después de que el último francés abandonada suelo peñarriblense, persiste esta absurda conducta aspiracional entre los actuales habitantes de esta localidad cordobesa como residuo de aquella cultura de antaño tan idealizada. 

Sin embargo, lo que jamás podíamos imaginar es que este nacionalismo exacerbado de la SMMP afectaría  a elementos   tan básicos como el cemento (y hormigón) con el que construían  sus edificios. El resultado de las labores de  arqueología industrial  básica  que la Asociación La Maquinilla está llevando a cabo  en la Estación de Peñarroya de vía estrecha paralelamente  a las labores de limpieza apuntan en esta dirección. Voluntarios de nuestro  colectivo descubrieron la semana pasada que el  pavimento de la sala de espera y, por consiguiente, de todo el  complejo ferroviario era también francés, concretamente de la marca  LAFARGE.  La  Wikipedia cuenta que  esta compañía fue fundada en un pueblecito cercano a los Alpes llegando a ser  la primera productora mundial de cementos, hormigones, áridos y yesos, posición que actualmente conserva unida a la suiza Holcim.


Logotipo de la empresa francesa que suministró el cemento con el que se construyó la Estación de Peñarroya
¿Casualidad?


Por el  texto del relieve  que acompaña a la marca   se infiere que esta sociedad  no disponía de fábrica propia en el sur de España en el  año en que empezó a ser construida  la estación de Peñarroya (1891),  sino que había  un agente comercial  llamado Simón Bema  que importaba  el cemento vía  puerto de Sevilla o por tren  para distribuirlo  bajo licencia quién sabe si en toda Andalucía o en el sur de España. 

Si bien se reconoce que   no  era grande  el número  de marcas y  fabricantes  de cemento en un  país tan atrasado como lo era la España de aquellos tiempos y que por tanto no es descartable   que Lafarge ejerciese una posición  de monopolio, las certezas a las que hemos aludido  al inicio del reportaje nos  invitan a pensar que la elección del  mortero francés por parte de la SMMP  no fue casual.

Bien sea por gusto por lo propio o por desprecio por lo ajeno, tanto da, esta  circunstancia nos lleva a plantear la hipótesis  de que probablemente  todas las estaciones, apartaderos y casetas, al menos de la línea Peñarroya-Fuente del Arco estuvieran hechas con productos Lafarge y, por consiguiente, todos los edificios erigidos en el Cerco Industrial hasta  1895.
Chovinistas hasta en el cemento. Así era la SMMP
Estación de Peñarroya. Foto Ángel Perry



Desde aquí, animamos a aquellos que   nos leen, a los que poseen o   visitan  las infraestructuras de esta antigua línea ferroviaria  o el Cerco con afán curioso o investigador a encontrar sellos como el protagonista de la  entrada de hoy  que refrenden estas esbozadas conclusiones con otros hallazgos similares. Cuando el  trabajo de  estudio  sobrepasa el ámbito de nuestras funciones como asociación y el tiempo que podemos dedicarle, el compartir descubrimientos con los arqueólogos  aficionados del espacio urbano y rural que somos todos podría dar respuesta al enigma y/o plantear  preguntas que den lugar a nuevos descubrimientos. 

En cualquier caso, aquí dejamos constancia, una vez más, de la apasionante historia humana, empresarial y técnica que nos ofrece  el patrimonio industrial del Valle del Guadiato, algo  que nos empuja  con más fuerza todavía a recuperarlo como espacio útil para la ciudadanía.

El cemento que empleamos en la restauración de la Estación de Peñarroya ya no es Lafarge, como antaño
Quizá sea porque los   restauradores ya no son franceses





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1 comentario:

  1. Excelente pesquisa.. propia de detectives del patrimonio industrial... enhorabuena

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