jueves, 19 de septiembre de 2019

UN VIAJE EN EL CANFRANERO


No sé bien si como orgullo o como queja, el carillón del vestíbulo de la estación de Jaca luce una placa en la que se indica que “Este reloj marcó la hora en la estación de Jaca hasta el 12 de junio de 2007”. Lo cierto es que el tiempo en esta estación y en otras de esta línea parece que se paró mucho antes.
Hace unas semanas tuvimos la ocasión de hacer el recorrido desde Jaca a Canfranc en “El Canfranero”, tal vez el más peculiar de los trenes que circulan por España y que aún conserva su nombre propio.
Pero vayamos al inicio y hagamos un poquito de historia. A mediados del siglo XIX se planeó una conexión ferroviaria entre España y Francia a través de los Pirineos. Si bien en un principio los franceses fuero reacios a esta idea, la acabaron apoyando, por lo que se iniciaron unas obras que llevaron el ferrocarril hasta Jaca en 1893 y hasta Los Arañones en 1917. Se inició también la construcción del túnel de Somport, cuyos escombros sirvieron para encauzar el río Aragón y hacer la gran explanada en la que se construyó la estación internacional de Canfranc, inaugurada en 1928 por el Rey Alfonso XIII y M. Gaston Doumerge, Presidente de la República Francesa.

Encauzamiento del río Aragón y estación internacional de Canfranc
Con muchas adversidades la línea estuvo abierta hasta que en 1970 el extraño accidente de un tren de mercancías destruyó totalmente el puente de L’Estanguet, lo que sirvió al gobierno francés como excusa para cerrar su parte de la línea, que se mantiene abierta por el lado español hasta la estación de Canfranc.
Actualmente se espera la reapertura al tráfico por el lado francés en 2021, y ya se han hecho algunas obras de renovación de la vía, si bien el puente de L’Estanguet sigue sin ser reconstruido.
Interior del Canfranero
Dos trenes hacen diariamente el recorrido desde Zaragoza hasta Canfranc, aunque llamarlos trenes tal vez le pueda quedar un poco grande, pues se trata de un coche diésel modelo 596 con un solo vagón de 56 asientos, poco más grande que un autobús. La velocidad media es de 58 kilómetros por hora, si bien en muchos tramos la velocidad está limitada a 30, e incluso menos, como nos pasó en nuestro viaje, debido al descarrilo de un tren de cereal unos días antes, lo que obligó a efectuar algunas obras en la vía.
Decidimos tomar el tren de las 12 de la mañana en Jaca, para regresar a las seis de la tarde, lo que permitiría hacer una excursión de varias horas por los Pirineos y una visita a la estación internacional.
Además del reloj, nos llama la atención la pequeña cafetería de la estación de Jaca que, eso sí, cuenta con un amplio y agradable jardín que le sirve de terraza en la que esperar la llegada del tren.
Terraza de la cafetería de la estación de Jaca
La media hora de recorrido hasta Canfranc es una continua y espectacular subida por las laderas de los Pirineos, pasando hasta 19 túneles, viaductos, puentes y varias arruinadas estaciones que hacen disfrutar de un delicioso viaje, aunque los habitantes de estos pueblos y los pocos viajeros habituales que aún mantiene este tren no opinan lo mismo, denunciando continuamente la dejadez de la Administración y la falta de inversiones en la línea.
Tras atravesar el último de los túneles, llegamos a la imponente estación internacional, cuyo edificio, de 241 metros, es el segundo más grande de Europa, si bien el pequeño tren se detiene en una estación anexa. El gran edificio de la estación es propiedad del Gobierno de Aragón, está declarado bien de interés cultural y se está rehabilitando como un hotel de cinco estrellas.
Sobrecoge la visión de todo el valle, las cumbres de las montañas y las escarpadas laderas en las que hubo que construir numerosos diques de contención y se plantaron diez millones de árboles para contener las avalanchas de nieve.


Al fondo del valle, la estación de Canfranc. Diez millones de árboles tapizan las laderas de la montaña, que se sirven también de numerosos diques para contener los peligrosos aludes de nieve.
Las obras de la estación obligan a que la visita guiada haya de hacerse con casco, una muy interesante visita en la que, además del devenir de la estación, se cuentan intrigantes historias de espías, de salvación de familias judías y del tráfico de lingotes de oro ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial.
Interior del vestíbulo de la estación internacional de Canfranc, en proceso de restauración
Es muy difícil narrar la belleza de la estación y su entorno, por lo que recomendamos a quienes viajen por los Pirineos que dediquen al menos unas horas a visitarla y, si puede ser en tren, mejor aún.
Como final, hay que hacer una reflexión: el viaje en AVE desde Zaragoza hasta Córdoba lo hicimos en menos de tres horas, mientras que los doscientos kilómetros de Zaragoza a Jaca se hacen en casi cuatro. Aunque se trata del mismo medio de transporte, la diferencia es que el primero une grandes ciudades y el segundo pequeños pueblos.
Está claro que tenemos una España de dos velocidades, pero siguen preguntándose por qué los pueblos se quedan vacíos… 


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