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jueves, 15 de octubre de 2020

PEÑARROYA-PUEBLONUEVO YA SABE MIRAR HACIA ARRIBA

 



Hay días que cambian una parte de la historia de los municipios y, más que de los municipios, de las sociedades que viven en ellos. Peñarroya-Pueblonuevo vivió la semana pasada uno de ellos. Y no lo decimos porque haya cambiado la situación económica o estratégica del mismo (ya lo quisiéramos nosotros) o por que de repente se encuentren rápidas oportunidades de futuro sino porque sus ciudadanos han empezado a ser conscientes de la importancia de conservar sus señas de identidad y del valor que tienen como elemento de unidad.

Lógicamente, este es un debate ya superado en la mayoría de los municipios de España hace décadas, debido, fundamentalmente, a su existencia centenaria y, sobre todo, porque tienen un origen más normalizado, ya saben, repleto de romanos, reyes medievales, obispos, papas o nobles ilustrados y renacentistas o una mezcla de ellos lo que los lleva a digerir su historia y símbolos de una forma más lenta y natural.

Las pocas generaciones que han vivido en Peñarroya-Pueblonuevo, con su rápido progreso y caída igual de rápida han tenido que asumir en 100 años lo que en otros pueblos se produce en siglos,  lo que le ha procurado no pocos episodios de cainismo, brotes autodestructivos y desprecio por lo propio, encontrándose en una permanente encrucijada cultural del preguntarse por lo  que somos o qué fuimos cuando en el presente ya se ha dejado de ser muchas cosas.

Sobrecogedora imagen de la chimenea de la fábrica de papel encendida Foto Guadiato Mavic


Éste y no otro ha sido el motivo por el que el proyecto de rehabilitación de la chimenea de la fábrica de papel ha dividido tanto a su población, entre los que lo consideran una estupidez y los que lo veían bien o necesario.

Finalmente, como si de un derby futbolístico se tratara, acabó imponiéndose el bando de los chimeneros a los antichimeneros por goleada tal y como lo pone de manifiesto la elevada cantidad de personas que acudieron a la inauguración pese a las restricciones COVID (unas 60) como por el desorbitado número de me gustas, que es como miden los milenials ahora, que se ha llevado el evento. Incluso la mayoría de voces críticas, que ladran en los medios de comunicación habituales y en redes parecen haber desaparecido bajo la avalancha de vivas y asombro popular.

En una sola noche, de repente y con el recordatorio anual del Día del Cerco, la sociedad peñarriblense ha empezado a aceptar que las chimeneas y las fábricas centenarias son, pese a todo su pasado de esplendor perdido, un patrimonio singular y único y, lo que es más importante, un motivo para el orgullo local.

Cada día hay más chimeneros en Peñarroya-Pueblonuevo. La culpa la tiene esta imagen de Jorge Custodio
 


Ha sido emocionante comprobar cómo muchos de nuestros conciudadanos compartían en Facebook o en Instagram una toma aérea de la chimenea encendida  titulada “mi pueblo” en un claro gesto de jactancia cateta que nos equipara a nuestros pueblos vecinos y no tan vecinos, un hecho que aquí es totalmente excepcional y nuevo.

Por estos hechos y por otros colaterales como la gran cantidad de donantes (más de 500) y empresas participantes  en el proyecto pensamos que hay un antes y un después patrimonial en Peñarroya-Pueblonuevo con el encendido nocturno de la primera chimenea.

Como todos sabemos, a Peñarroya-Pueblonuevo le queda  todavía un largo camino por recorrer especialmente a nivel social  para ser el pueblo que muchos queremos, pero desde esta semana ya ha aprendido a mirar hacia arriba en  sentido patrimonial y físico. Y es que el hecho de levantar la   mirada para observar en la oscuridad de la noche una bella y esbelta estructura alargada e iluminada en lugar de hacia abajo encierra un cambio de actitud postural detrás del que se esconde una  auténtica evolución cultural: la de ser un paria a la de ciudadano que aprecia el lugar donde vive pese a sus defectos.

Un pueblo que mira hacia  arriba es un pueblo optimista

Y quienes piensen que esto no es verdad y que lo que he escrito es una tontería deben recordar cuánto de más aprendieron en la Escuela  por el simple hecho de que  el profesor les corrigiera su postura cuando resbalaban su trasero  en la silla  por cansancio y hastío.

La chimenea encendida  incita al peñarriblense a  mirar hacia arriba  o como mínimo al frente, incluso aunque no quiera. Es la base del optimismo.

Hay muchos peñarriblenses que ya piensan, con su alcalde a la cabeza, en cómo recuperar e iluminar la siguiente chimenea del Cerco. Hay que ver lo que produce en la gente un simple cambio de postura.  

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