viernes, 15 de septiembre de 2017

Un BIC para reflexionar


En fechas recientes hemos conocido la noticia de que el Cerco Industrial va a ser incluido en el listado BIC de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en la categoría de Lugar de Interés Industrial antes de que finalice el años 2017. Esta es la culminación a un trabajo realizado por los sucesivos equipos de gobierno municipales que han pasado por el Ayuntamiento peñarriblense desde 2004, en el que se destaca la apertura del expediente  en Delegación de Cultura en 2005 mediante la elaboración de un exhaustivo informe, la compra de los terrenos del Cerco en 2010 y la resolución del mismo desde 2016. En este sentido, informamos que el listado también incluye algunos edificios del casco urbano de Peñarroya-Pueblonuevo y castilletes mineros, uno en el término municipal de  Belmez y otro en el de Fuente Obejuna.

En el lado negativo lamentamos la supresión en la lista por parte de Delegación de Cultura del Barrio Francés, un conjunto que por su significado, valor histórico, y las especiales amenazas de conservación que ciernen sobre él debería encontrarse entre los primeros espacios a proteger en el municipio. También han sido incluidos varios edificios e infraestructuras ferroviarias tales como las estaciones de Peñarroya tanto de ancho ibérico como de vía estrecha, así como el muelle de transbordo. La Vía Verde de La Maquinilla, tras diversas deliberaciones no ha sido tenida en cuenta por Delegación de Cultura y, por lo tanto, no ha podido adquirir una categoría que si tienen otras Vía Verdes Andaluzas como la Vía Verde del Guadiana. Pese a las notables ausencias en el  listado, conocemos las innumerables gestiones realizadas por  Isabel Payer, como responsable del informe final, por ampliarlo, un hecho que queremos agradecerle públicamente. 


La lógica decepción derivada de estas omisiones no debe impedirnos reconocer que se ha dado un paso más, y quizá uno de los más importantes hacia la conservación del Patrimonio Industrial de Peñarroya-Pueblonuevo. Es por ello que, como colectivo que defiende este legado, calificamos este acontecimiento de histórico.

La categoría BIC supone para estos elementos el poder beneficiarse de las ayudas económicas patrocinadas por el Ministerio de Cultura y tener preferencia a la hora de concursar en convocatorias de apoyo a la restauración establecidas por entidades como Diputación de Córdoba y Junta de Andalucía. Tampoco es menor el nuevo y estricto régimen sancionador que contempla multas y hasta penas de cárcel para quienes cometan algún tipo de atentado o mal uso de éstos.

Fábrica de ácido sulfúrico. Fue expoliada por falta de vigilancia,
no por la ausencia de una protección administrativa

Sin embargo, todos debemos saber que la categoría BIC es una condición necesaria para la conservación del área arqueológica del Cerco, pero no suficiente si no lleva aparejado un conjunto de medidas coercitivas y protectoras del sitio a nivel local. El territorio nacional está repleto de casos de conjuntos históricos, los cuales, pese a que adquirieron este “pedigrí” hace ya algunas décadas continúan siendo expoliados como si no lo fueran. El ejemplo del Castillo de Belalcázar es paradigmático en este sentido: siendo BIC desde 1985 ha tenido que esperar hasta 2016, es decir, 30 años, para recibir las primeras ayudas no para la restauración, sino para evitar un más que seguro desplome.

Es por ello que el Consistorio peñarriblense bien haría en aprovechar este título para presentar paralelamente un Plan de vigilancia y protección del Cerco, debidamente coordinado con las fuerzas de orden público y sociedad civil, un Plan que sería más necesario que el propio BIC, por ser el verdadero garante de la supervivencia del sitio histórico a la espera de la llegada de las primeras inversiones, las cuales, en base a la experiencia que tenemos, podrían tardar en llegar.


Conocemos la limitación de medios que padece no sólo éste sino muchos Ayuntamientos vecinos para hacer frente a los expoliadores en sus respectivas áreas arqueológicas. Sin embargo, ello no justifica la falta total de iniciativa en este sentido desde que fuera comprado en 2010. Todos tenemos el deber de encontrar alguna alternativa eficaz para salvar el Cerco de la desaparición, una solución que vaya más allá de los  despachos.

El BIC, en efecto, servirá para evitar por concepto maniobras militares, la ejecución excavaciones mineras, las partidas de airsoft y otras actividades alejadas del uso cultural así como todas aquellas por las que el Cerco tristemente se hizo famoso en los últimos años, pero desgraciadamente no servirá para frenar el desmantelamiento rutinario perpetrado por nuestra gente, unos atentados que a medio y largo plazo están siendo tan perjudiciales o más que el resto de amenazas que se pretenden neutralizar con la mencionada declaración de protección.

Antiguos Almacenes en primera fase de expolio


La ciudadanía tiene la obligación de saber que las aspiraciones patrimoniales de Peñarroya-Pueblonuevo no terminan en el BIC o en a ampliación de la lista de elementos incluidos en esta figura legislativa, sino que empieza con él y con nuestra capacidad para gestionar y cuidar debidamente lo que tenemos o lo que nos queda de lo que teníamos. Aunque nos duela, tenemos que asumir que este objetivo aún no lo hemos logrado, entre otras razones porque jamás lo hemos intentado.

Queríamos un BIC para el Cerco y lo tenemos 12 años después. Felicitémonos, pues, por ello, como también felicitamos a nuestro gestores públicos por su trabajo. Luchemos ahora, aunque sea tarde, con el mismo ahínco por la creación de un Plan para su vigilancia y conservación con los medios que tenemos, que no son muchos, asumiendo que podemos fracasar en el intento. Pero intentémoslo. El problema de conservación del Cerco permanecerá mientras no entendamos que su salvación no depende del BIC sino de un cambio de actitud general de los que aquí vivimos y de quienes nos gobiernan, entendiendo por éstos a funcionarios públicos y a quienes ocupan un puesto en el salón de plenos, sea del partido que sea.



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